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miércoles, 5 de febrero de 2014

EL DRAGÓN DORMIDO

Un riojano está sentado junto a un madrileño en la sala de espera de un aeropuerto, esperando un vuelo largo. El madrileño mira al riojano y como se siente superior, piensa en aprovecharse de él fácilmente. Así que le pregunta al riojano si le gustaría jugar a un divertido juego. El riojano , cansado, solo quería dormir una siesta y diplomáticamente rehusa y trata de darle la espalda. El madrileño insiste, el juego es muy divertido:

'Yo te hago una pregunta y si no sabes la respuesta, me pagas 5 € Luego tú haces una pregunta, y si no sé la respuesta, yo te pagaré 500 €' ...¿ok?
El riojano para callar al madrileño que se pone tan pesado, acepta participar en el juego. El madrileño hace la primera pregunta:

'¿Cuál es la distancia desde la Tierra hasta la Luna?'

El riojano no dice nada, saca de su bolsillo un billete de 5 € y se lo entrega al madrileño . Ahora, es el turno del riojano y pregunta al madrileño:

'¿Qué sube una montaña con tres pies, y baja con cuatro?... y se echa a dormir.

El madrileño enciende su portátil, busca todas las referencias. Entra a la red y accede a todas las enciclopedias mundiales, revisa en Wikipedia, manda e-mails a todos los amigos que conoce ...sin resultados. Después de una hora de estar buscando se da por vencido. Despierta al riojano y le da los 500 €. El riojano con los 500 € en el bolsillo, se da la vuelta y a dormir de nuevo. El madrileño cabreado como una mona por no haber encontrado la respuesta, despierta al riojano y le pregunta:

'Bueno, me vas a decir ¿qué es lo que sube una montaña con tres pies y baja con cuatro?' El riojano saca 5 €, se los entrega y se vuelve a dormir.

MORALEJA:

No subestimes a la serpiente por no tener alas. Quizás algún día pueda convertirse en dragón.


lunes, 3 de febrero de 2014

EL SABIO SOLIDARIO

Cierto día, un sabio visitó el infierno. Allí, vio a mucha gente sentada en torno a una mesa ricamente servida. Estaba llena de alimentos, a cual más apetitoso y exquisito. Sin embargo,todos los comensales tenían cara de hambrientos y el gesto demacrado: tenían que comer con palillos; pero no podían, porque eran unos palillos tan largos como un remo. Por eso, por más que estiraban su brazo, nunca conseguían llevarse nada a la boca.

Impresionado, el sabio salió del infierno y subió al cielo. Con gran asombro, vio que también allí había una mesa llena de comensales y con iguales manjares. En este caso, sin embargo, nadie tenía la cara desencajada; todos los presentes lucían un semblante alegre; respiraban salud y bienestar por los cuatro costados. Y es que, allí, en el cielo, cada cual se preocupaba de alimentar con los largos palillos al que tenía enfrente.

domingo, 2 de febrero de 2014

LAS HUELLAS EN LA ARENA

Una noche soñé que iba andando por la playa con Dios y que se proyectaban en el cielo muchas escenas de mi vida. En cada cuadro veía huellas de pisadas en la arena. A veces, las de dos personas y otras sólo las de una. Observé que durante los periodos más difíciles de mi existencia se veían las huellas de una sola persona.

- "Me prometiste, Señor, que siempre caminarías a mi lado. ¿Por qué cuando más te necesité no estabas conmigo?"

Él respondió:
"Cuando viste las huellas de una sola persona, hijo mío, fue cuando tuve que llevarte en brazos".

MELASUDA Y KEOSDEN


    sábado, 1 de febrero de 2014

    LAS TRES REJAS

    Un joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa de éste y le dice:

    -Escucha, maestro. Un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia...

    -¡Espera! –lo interrumpe el filósofo-
    ¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?

    -¿Las tres rejas?

    -Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?

    -No. Lo oí comentar a unos vecinos.

    -Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme ¿es bueno para alguién?

    -No, en realidad, no. Al contrario...

    -¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?

    -A decir verdad, no.

    -Entonces –dijo el sabio sonriendo- si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

    EL ELEFANTE ENCADENADO



    Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba eran los animales. Me llamaba poderosamente la atención, el elefante. Después de su actuación, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era un minúsculo pedazo de madera, apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que ese animal, capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría con facilidad arrancar la estaca y huir. ¿Qué lo mantiene? ¿Por qué no huye? 
    Hice entonces, la pregunta obvia... 
    - Si está amaestrado, ¿porqué lo encadenan? 
    No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

    Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque CREE QUE NO PUEDE.
    Y tú, tienes algo de elefante? Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos creyendo que un montón de cosas "no podemos" simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos.

    La única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento TODO TU CORAZÓN.

    EMPUJA LA VAQUITA


    Un maestro samurai paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vió a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar.


    Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de realizar visitas, conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que obtenemos de estas experiencias.



    Llegando al lugar constató la pobreza del sitio, los habitantes: una pareja y tres hijos, la casa de madera, vestidos con ropas sucias y rasgadas, sin calzado.

    Entonces se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó:


    "En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco, ¿cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí?"


    El señor calmadamente respondió: "amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo y así es como vamos sobreviviendo."


    El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue. En el medio del camino, volteó hacia su fiel discípulo y le ordenó:


    "Busque la vaquita, llévela al precipicio de allí enfrente y empújela al barranco."

    El joven espantado vió al maestro y le cuestionó sobre el hecho de que la vaquita era el medio de subsistencia de aquella familia. Mas como percibió el silencio absoluto del maestro, fue a cumplir la orden. Así que empujó la vaquita por el precipicio y la vió morir.


    Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel jóven durante algunos años.

    Un bello día el joven agobiado por la culpa resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar y contarle todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos.

    Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy bonito, con árboles floridos, todo habitado, con carro en el garaje de tremenda casa y algunos niños jugando en el jardín.


    El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia tuviese que vender el terreno para sobrevivir, aceleró el paso y llegando allá, fue recibido por un señor muy simpático. El jóven preguntó por la familia que vivía allí hacia unos cuatro años, el señor respondió que seguían viviendo allí. Espantado el jóven entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hacía algunos años con el maestro.


    Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaquita) : "¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?"


    El señor entusiasmado le respondió:
    "Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió, de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos, así alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora.

    MORALEJA SAMURAI:


    "Todos nosotros tenemos una vaquita que nos proporciona alguna cosa básica para nuestra sobrevivencia, la cual convive con la rutina y nos hace dependientes de ella, y nuestro mundo se reduce a lo que la vaquita nos brinda".


    Tú sabes cuál es tu vaquita, no dudes un segundo para empujarla por el precipicio. LLegó el momento de pasar a la acción y salir de la rutina cuanto antes!