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jueves, 27 de febrero de 2014

DOS NARCOS, UN NEGRO Y UN INFELIZ

Dos narcos llegan a un rancho arrastrando a un tipo. Dentro, hay un negro de 1,98m y 140 kg mezcla de cubano con africano, limpiándose las uñas con un cuchillo cebollero.

 - Oye Negro, el jefe pidió que le des por el culo a este tipo, para que aprenda a no hacerse el machito con nuestra banda.

 - Déjenlo ahí en un rincón, más tarde me lo follo.

Cuando los narcos se van el tipo dice:

 - Por favor Señor, no me haga eso, si usted me da por el culo, mi vida se termina, tenga piedad por el amor de Dios.

- Cállate el hocico maricón y quédate quieto ahí 

Al rato vuelven los narcos con otro pobre tipo.

 - Negro, el jefe pidió que a éste, le cortes las dos manos y le perfores los ojos, para que aprenda a no tocar el dinero de las ventas.

 - Déjalo ahí que dentro de un rato me encargo. 

Una hora después traen otro tipo.

 - Negro a este le cortas los huevos y la lengua para que nunca más se meta con las mujeres del jefe..

 -Tá bien.. déjalo ahí en el rincón con los otros. 

Finalmente traen a otro desgraciado...

 - Mira "Negro", a este lo cortas en pedacitos y mandas cada pedacito a la familia en un sobre! .. Por chivato!!

 En ese momento, el primer tipo le dice al negro, en voz baja:

 -Señor Don Negro, por favor no se vaya a confundir: ¡¡ Recuerde que al que le tiene que dar por culo es a mí .. ¿OK?

MORALEJA:

A medida que conoces los problemas de los demás, te das cuenta que el tuyo no es tan grave.

martes, 25 de febrero de 2014

UN ALUMNO TALENTOSO

Un profesor está almorzando en el comedor de la Universidad. Un alumno viene con su bandeja y se sienta al lado
del profesor.

El profesor, altanero, le dice: 

-“ Un puerco y un pájaro, no se sientan a comer juntos”. 

A lo que contesta el alumno: 

-“Pues me voy volando”, y se cambia de mesa. 

El profesor verde de rabia, decide aplazarlo en el próximo examen, pero el alumno responde con brillantez a todas las preguntas. Entonces le hace la siguiente pregunta: 

-"Ud. está caminando por la calle y se encuentra con una bolsa, dentro de ella está la sabiduría y mucho dinero,¿cuál de los dos se lleva?" 

El alumno responde sin titubear: 

-"¡¡¡El dinero!!!" 

El profesor le dice: 

-"Yo, en su lugar, hubiera agarrado la sabiduría, ¿no le parece?" 

-"Cada uno toma lo que no tiene, responde el alumno" 

El profesor, histérico ya, escribe en la hoja del examen: 

¡¡¡¡Idiota!!! Y se la devuelve. 

El alumno toma la hoja y se sienta. Al cabo de unos minutos se dirige al profesor y le dice: 

-"Señor, me ha firmado la hoja pero no me puso la nota".

lunes, 24 de febrero de 2014

EL CIRCULO DEL 99

Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente, que como todo sirviente de rey triste, era muy feliz. Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertaba al rey cantando y
tarareando alegres canciones. Una sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre.
Un día el rey lo mandó a llamar.

Paje -le dijo- ¿cuál es el secreto?

¿Qué secreto, Majestad?

¿Cuál es el secreto de tu alegría?

No hay ningún secreto, Alteza.

No me mientas, paje. He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.

No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto.

¿Por qué está siempre alegre y feliz? ¿eh? ¿por qué?

Majestad, no tengo razones para estar triste. Su Alteza me honra permitiéndome atenderlo. Tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la Corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos, ¿cómo no estar feliz?

Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar -dijo el rey-.. Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado.

Pero, Majestad, no hay secreto. Nada me gustaría más que complacerlo, pero no hay nada que yo esté ocultando…

Vete, ¡vete antes de que llame al verdugo!

El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación.. El rey estaba como loco. No consiguió explicarse cómo el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y ,alimentándose de las sobras de los cortesanos. Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó su conversación de la mañana.

¿Por qué él es feliz?

Ah, Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo.

¿Fuera del círculo?

Así es.

¿Y eso es lo que lo hace feliz?

No Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.

A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz

Así es.

¿Y cómo salió?

¡Nunca entró!

¿Qué círculo es ese?

El círculo del 99.

Verdaderamente, no te entiendo nada -dijo el Rey-.

La única manera para que entiendas, sería mostrártelo en los hechos.

¿Cómo?

Haciendo entrar a tu paje en el círculo.

Eso, ¡obliguémoslo a entrar!

No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.

Entonces habrá que engañarlo.

No hace falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad, él entrará solo en el círculo.

¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?

Si, se dará cuenta.

Entonces no entrará.

No lo podrá evitar.

¿Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo, y de todos modos entrará en él y no podrá salir?

Tal cual. Majestad, ¿estás dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?



Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos. 99!

¿Qué más? ¿Llevo los guardias por si acaso?

Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche.

Hasta la noche.

Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía: “Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no cuentes a nadie como lo encontraste”.

Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse. Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde detrás de unas matas lo que sucedía. El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho, miró hacia todos lados de la puerta y entró a su hogar.

El rey y el sabio se arrimaron a la ventana para ver la escena. El sirviente ingresó presuroso a su hogar y con su brazo arrojó al piso todo lo que había sobre la mesa, dejando sólo la vela. Se sentó y vació el contenido de la bolsa… Sus ojos no podían creer lo que veían. ¡Era una montaña de monedas de oro! El, que nunca había tocado una de estas monedas, tenia hoy una montaña de ellas. El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar a la luz de la vela, las juntaba y desparramaba, hacía pilas de monedas. Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas de 10 monedas. Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro,
cinco, seis…. y mientras sumaba 10, 20, 30, 40, 50, 60….hasta que formó la última pila: ¡9 monedas!

Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa. «No puede ser», pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.

Me robaron -gritó- ¡me robaron!

Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba. Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro “sólo 99″.

-99 monedas es mucho dinero- pensó. Pero me falta una moneda.

Noventa y nueve no es un número completo -pensaba- Cien es un número completo pero noventa y nueve, no.

El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que se asomaban los dientes. El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguien de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña. Luego tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos. ¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien?
Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla. Después quizás no necesitara trabajar más. Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar. Con cien monedas de oro un hombre es rico.
Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario. «Doce años es mucho tiempo», pensó. Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. Y él mismo, después de todo, él terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello. Sacó las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero. ¡Era demasiado tiempo!

Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender… vender… vender…
Estaba haciendo calor. ¿Para qué tanta ropa de invierno? ¿Para qué más de un par de zapatos? Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien. El rey y el sabio, volvieron al palacio. El paje había entrado en el círculo del 99…
Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando de pocas pulgas.

¿Qué te pasa?- preguntó el rey de buen modo.

Nada me pasa, nada me pasa.

Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.

Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también?

No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor.

Todos nosotros hemos sido educados en esta estúpida ideología: Siempre nos falta algo para estar completos, y sólo completos se puede gozar de lo que se tiene. Por lo tanto, nos enseñaron, la felicidad deberá esperar a completar lo que falta… Y como siempre nos falta algo, la idea retoma el comienzo y nunca se puede gozar de la vida.

Pero qué pasaría si la iluminación llegara a nuestras vidas y nos diéramos cuenta, así, de golpe, que nuestras 99 monedas son el cien por ciento del tesoro, que no nos falta nada, que nadie se quedó con lo nuestro, que nada tiene de más redondo cien que noventa y nueve, que todo es sólo una trampa, una zanahoria puesta frente a nosotros para que jalemos del carro, cansados, malhumorados, infelices o resignados. Una trampa para que nunca dejemos de empujar y que todo siga igual… ¿Cuántas cosas cambiarían si pudiéramos disfrutar de nuestros tesoros tal como están?

domingo, 23 de febrero de 2014

SABIDURIA GALLEGA

Un cura de un pueblito gallego decide mostrar ejemplos concretos para ilustrar su homilía dominical. Para ello, pone cuatro lombrices en 4 frascos :


La primera lombriz: En un frasco de alcohol.
La segunda lombriz: En un frasco lleno de humo de cigarrillo.
La tercera lombriz: En un frasco lleno de esperma.
Finalmente la última lombriz. En un frasco lleno de agua pura y cristalina .

Al concluir su homilía, donde hablaba de los pecados y de la vida 'licenciosa", muestra los frascos. La lombriz que estaba en el alcohol estaba muerta. La lombriz que estaba en el frasco lleno de humo de cigarrillo estaba muerta. La que estaba en el frasco lleno de esperma , también estaba muerta . La última que estaba en agua pura y cristalina estaba bien viva .

Entonces le pregunta a la asamblea:

- ¿Que enseñanza podemos sacar de esta demostración?

En el fondo del templo se oye una voz de un galleguiño que dice:

- Que mentras bebamos, fumemos e follemos, non tendremos lombrices.

MORALEJA:

Por muy complejo que pueda ser un problema, siempre hay alguien que lo simplifica...

sábado, 22 de febrero de 2014

¿CUCHARITA, TAZA O CUBO?

Durante una visita a un Instituto Psiquiátrico, le pregunté al Director, qué criterio se usaba para definir si un paciente debería o no ser internado. 


-Bueno -dijo el Director- Hacemos la prueba siguiente: 

Llenamos una bañera, luego le ofrecemos una cucharita, una taza y un cubo y le pedimos que vacíe la bañera. En función de cómo vacíe la bañera, sabemos si hay que internarlo o no y con que tratamiento empezar... 

-Ah, entiendo -dije- Una persona normal, usaría el cubo porque es más grande que la cucharita y la taza. 

- No -dijo el Director- Una persona normal quitaría el tapón.... Usted qué prefiere: ¿Una habitación con o sin vista al jardín? 

MORALEJA:

A veces las cosas demasiado evidentes no son lo que parecen...

domingo, 16 de febrero de 2014

STEVE JOBS, LA LEYENDA DE UN LÍDER....

Defensor del perfeccionismo, creó el paradigma del I+D, reservando la última, la olvidada, la i, la innovación, a crear dispositivos, i-dispositivos como los llamaría él, como el iPod, iPhone e iPad, que lo mantendrán en la historia como aquél que consiguió desafiar a la razón.


Sus diez lecciones, que aquí resumo, son un ejemplo de la creencia en uno mismo, del trabajo en equipo, de la actitud visionaria de un líder:
  1. Las innovaciones más duraderas casan el arte y la ciencia.
  2. Para crear el futuro, no puedes hacerlo a través de grupos de enfoque.
  3. Nunca temas el fracaso.
  4. No puedes conectar los puntos hacia adelante, sólo hacia atrás, es decir, entender que el futuro es impredecible.
  5. Escucha a esa voz interna que te dice si estás en el camino correcto o no.
  6. Esperar mucho de ti y de otros.
  7. No te preocupes por tener razón y si por tener éxito.
  8. Encuentra la mejor gente para rodearte.
  9. Mantente hambriento y necio.
  10. Cualquier cosa es posible con trabajo duro, determinación y sentido de visión.
No quiero dejar estas líneas sin hacerle mi especial homenaje. Os dejo dos de los más bonitos enlaces que he encontrado en el ciberespacio: su famoso discurso en la Universidad de Standford y una recopilación de fragmentos de sus famosos keynotes.

Que Dios lo tenga en su Santa Gloria.

viernes, 14 de febrero de 2014

LA ALONDRA Y SUS CRÍAS

Una alondra había hecho su nido a principios de la primavera en el joven trigo verde. Sus crías habían alcanzado casi todo su desarrollo y conocían el uso de sus alas y su cuerpo
estaba ya lleno de plumas, cuando el dueño del campo, revisando su cosecha madura, dijo,

 --Ha llegado el momento en que debo pedir a todos mis vecinos que me ayuden con la cosecha.

 Una de las alondras jóvenes oyó su decir y lo relató a su madre, preguntándole a que lugar deberían moverse para su seguridad.

 --No hay ninguna necesidad para moverse aún, mi hija-- contestó; --el hombre que busca a sus amigos para ayudarle con su cosecha no está realmente preparado.

El dueño del campo vino otra vez unos días más tarde y vio que el trigo empezaba a mostrar exceso de madurez. Él dijo,

 --Vendré yo mismo mañana con mis trabajadores, y con tantas segadoras como pueda alquilar, y entraré a cosechar.

 La alondra madre al oír estas palabras le dijo a sus hijas,

 --Ahora si es el momento para partir, mis pequeñas, ya que el hombre sí lo hará esta vez; él ya no pedirá a sus amigos manejarle su cosecha, sino que cosechará el campo él mismo. 

MORALEJA:

 Si quieres que lo que planeas salga como tú quieres, manéjalo tú mismo.